En el marco de sus proyectos, Caribaea Initiative desarrolla enfoques innovadores para mejorar la recopilación de datos. Entre ellos, el uso de un perro detector permite la detección de heces de gatos en el terreno. Tras varios meses de adiestramiento, este método es ahora operativo.
El uso de perros detectores no se limita a los ámbitos del rescate o la seguridad. Desde hace varios años, estos animales también se utilizan en ecología y biología de la conservación, en particular para detectar especies raras, nidos, individuos vivos o rastros biológicos difíciles de identificar para el ser humano.
Gracias a sus excepcionales capacidades olfativas, los perros permiten localizar de forma rápida y eficaz indicios de presencia, incluso en entornos naturales complejos. En un contexto insular como el del Caribe, donde los hábitats pueden ser densos y de difícil acceso, este enfoque representa una ventaja considerable para mejorar tanto la calidad como la cantidad de los datos recopilados en el campo.
Comprender mejor la dieta de los gatos ferales

Sarah Lionnet durante una sesión de entrenamiento del perro
En los entornos insulares, los gatos ferales pueden constituir una amenaza importante, a través de la depredación, para numerosas especies nativas. Comprender con precisión su dieta es un paso clave para cuantificar su impacto real y adaptar las estrategias de gestión. Este es uno de los objetivos del proyecto CIMBA, dedicado al estudio y la gestión del impacto de los mamíferos exóticos depredadores en el Caribe insular.
La recogida de heces en el terreno permite acceder a esta información mediante análisis de laboratorio, en particular a través de enfoques moleculares. Sin embargo, esta recogida suele ser laboriosa y aleatoria cuando se basa únicamente en prospecciones humanas. La integración de un perro detector entrenado para esta tarea tiene como objetivo optimizar el esfuerzo de campo y permitir la recolección de una cantidad suficiente de muestras dentro de los plazos establecidos por el proyecto.
Con este fin, dos miembros del equipo, Sarah Lionnet (responsable de proyecto) y Yuna Mélane (estudiante de doctorado), recibieron formación en conducción de perros de búsqueda, en colaboración con Le Domaine Canin. Paralelamente, una perra llamada Amat fue entrenada específicamente para reconocer el olor de las heces de gato, en condiciones que se aproximaban progresivamente a las encontradas en el terreno.
Un método ahora operativo en el terreno
Tras varios meses de formación conjunta del binomio humano–perro, Amat fue sometida a una prueba de aptitud en condiciones seminaturales dentro de un área protegida de Guadalupe.
Los resultados de esta prueba, destinada a evaluar su capacidad para detectar y marcar muestras de heces de gato dispuestas a lo largo de un transecto o distribuidas aleatoriamente en el entorno, fueron alentadores, con la detección de la mayoría de las muestras en un tiempo de búsqueda limitado. Estos resultados confirman la pertinencia de este método para su utilización en el marco del proyecto.
Aunque su entrenamiento continúa con el fin de mantener y perfeccionar sus capacidades de detección, Amat es hoy plenamente operativa, y las primeras recogidas de heces ya han comenzado en el terreno.
Una innovación al servicio de la biodiversidad caribeña
Las muestras recogidas gracias al perro detector servirán para alimentar los análisis previstos en el proyecto CIMBA, contribuyendo a una mejor comprensión del impacto de los mamíferos exóticos sobre la biodiversidad local. A largo plazo, estos resultados permitirán dimensionar mejor las acciones de gestión, basándose en datos objetivos y cuantificados.

Visita del proyecto CIMBA en Guadalupe, en presencia de la Comisión Europea, de Interreg Caribe y de los socios de Le Domaine Canin.
Estos trabajos se inscriben en un enfoque más amplio desarrollado en el marco del proyecto CIMBA, que no se limita al estudio ecológico de los gatos ferales. El proyecto también contempla un componente dedicado a la comprensión de las percepciones asociadas a estos animales, mediante encuestas realizadas a gestores de espacios protegidos y a las poblaciones locales. Estos elementos son esenciales para comprender mejor los desafíos sociales y culturales vinculados a la gestión de los gatos en los territorios insulares.
Además, el proyecto incluye un componente de sensibilización, destinado a informar al público en general sobre los impactos ecológicos y sanitarios de los mamíferos exóticos depredadores, y a fomentar una mejor comprensión de las medidas de gestión implementadas. Al combinar investigación científica, innovación metodológica y acciones de sensibilización, el proyecto pretende proponer estrategias de gestión que sean eficaces, socialmente aceptables y sostenibles para la biodiversidad caribeña.
Más información sobre el proyecto: http://www.cimba-project.com/
El proyecto CIMBA está cofinanciado por el programa INTERREG Caribe a través del Fondo Europeo de Desarrollo Regional.

